¿Son convenientes las clases particulares?

¿Son convenientes las clases particulares?

Aunque la pregunta es muy ambigua, genérica y, en consecuencia, nada precisa, vamos a intentar dar una respuesta útil para cualquier alumno que se la haga o cualquier padre o madre a quien, en algún momento, se le haya pasado por la cabeza este interrogante y haya tenido la duda de si eso de las clases particulares es algo que beneficie o, por el contrario, perjudique o, en definitiva, no sirva para nada.

Cuando a mundoclases acude una familia solicitando, por ejemplo, clases particulares de matemáticas,  de inglés,  física y química… para alguno de sus hijos, nuestro primer objetivo es averiguar si el alumno para el que se solicitan las clases, las necesita o no. Nuestra principal tarea es de asesoramiento y asesorar es lo primero que debemos hacer.

 

¿Cómo averiguar si un alumno necesita o no clases particulares?

Conociendo su nivel. Si un alumno carece del nivel que le corresponde, probablemente, “se pierda” ante las explicaciones en clase. Necesita recuperar el nivel perdido por lo que es posible que necesite de ayuda externa para alcanzarlo.

Conociendo a su profesor titular. Existen profesores buenos y profesores malos, muy exigentes y excesivamente blandos, que se explican como un libro abierto o que para entenderlos habría que echar mano del mejor de los intérpretes. Ante un profesor que no es capaz de transmitir con claridad los conocimientos que el alumno necesita tal vez convenga la ayuda de un profesor particular que cubra esa carencia. Ante un profesor excesivamente exigente, quizás resulte necesario un “empujón” por parte de alguien que, de manera más directa, más “particular”, pueda echarnos una mano para alcanzar el nivel exigible.

Conociendo la actitud del alumno en clase. ¿De qué sirven clases particulares si en el colegio, en el instituto el alumno está ausente, desconecta, interrumpe el ritmo de la clase, incluso, no asiste en muchas ocasiones? ¿Podemos sustituir esa actitud mediante clases particulares? La respuesta es clara: no.

Conociendo la capacidad del propio alumno. No todas las personas somos iguales y, en consecuencia, nuestra capacidad difiere de unos a otros. Hay alumnos que, aunque se esfuerzan y quieren, hay algo en su cerebro que les impide llegar. ¿Necesitan ayuda? Claro que sí. Les estamos exigiendo algo que, por sí mismos, no pueden conseguir. Unas clases particulares podrían ser, por qué no, la solución.

Conociendo su aptitud hacia las asignaturas. Un alumno puede ser bueno en la asignatura de Historia y “un desastre” en la de matemáticas; o al contrario. A veces la parte de nuestro cerebro más receptiva a las matemáticas está más o menos desarrollada que la que tiene que ver con las lenguas o la filosofía.

Conociendo el hábito y la forma de estudio del alumno. El estudio es un ejercicio mental y, como tal, requiere un entrenamiento. Pero, como todo buen entrenamiento, ha de hacerse atendiendo a una serie de estrategias, a las llamadas técnicas de estudio. No es que se nos den mal las matemáticas, el inglés, la física o la química… es, sencillamente, que no sabemos estudiar y, si no sabemos estudiar, las clases particulares de una asignatura concreta nos servirán, pero de poco.

En definitiva, las clases particulares sólo son buenas si, en realidad, se necesitan. Es necesario, pues, hacer un diagnóstico claro de las necesidades del alumno. Averiguar el origen de sus carencias para poder determinar si le convienen o, por el contrario, no está en las clases particulares la solución al problema.

 

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